Freakbeat

Freakbeat
¿Freakbeat? ¿Otro subgénero? ¿Otra etiqueta? Hartitos os tendré
Y no os digo que no tengáis toda la razón, porque con la lista de hoy, de este “Freakbeat”, no estamos sino ante otro caso de una etiqueta de género musical asignada “a posteriori”, cosa que, por cierto, sucede en muchos otros casos: Harold Melvin no sabía que hacía “Sonido Filadelfia” ni los Lynyrd Skynyrd se levantaron una mañana y se dijeron “¡inventemos Southern Rock!”.
El nombre “freakbeat” (‘los beats o los mods raritos’, tan elegantes como intensitos) fue acuñado en los años 80 del siglo pasado por los cazadores de singles británicos, señores, sobre todo, que se pasaban los días de turbio en turbio con la nariz metida en cajas llenas de vinilos descatalogados en busca de joyas más valiosas cuanto más raras.
¿Y qué era una joya? Pues, por ejemplo, el único single publicado por una banda que solo salió de su pueblo para grabarlo y que resulta que contiene una canción muy buena o que se anticipa a su tiempo o que contiene un “riff” que luego replicó una banda consagrada.
Y de esas joyas hoy os traigo unas cuantas.
En esencia, la lista de hoy podría perfectamente llamarse otra vez “Joyas del garage británico 1966-1967” (por cierto, lo de “garage” también fue una etiqueta “a posteriori”), porque estamos de nuevo ante bandas de gente muy joven, blanca y de clase media, que, influidos por los Rolling Stones, el soul y Bo Didley, entre otras muchas cosas, se aplicaron con ingenio, talento y muy pocos recursos a construir un sonido que no es blanco ni negro, americano ni europeo, ni siquiera original, pero tampoco una copia. Hay canciones fabulosas, hallazgos impresionantes y todo respira alegría y diversión, pero para la historia de la música todavía hay algo más importante: prácticamente cualquier músico británico que triunfase entre mediados de los 60 y la llegada de punk había pasado por ese sonido y esas bandas, convertidas desde la lejanía del tiempo en la genuina Academia del Rock.
De ahí salieron la inmediata psicodelia, el hard rock, el progresivo y el glam y todo eso se lo debemos a bandas como The Creation, con un Eddie Phillips que tocaba la guitarra con arco de violín antes que Jimmy Page, a The Action o The Sorrows, pioneros en esa mezcla de ferocidad rítmica y melodía pop, a The Pretty Things, activos hasta 2018, o The Smoke, pioneros del fuzz ácido, a The Birds, con un casi adolescente Ronnie Wood que ni sospechaba que se le venían encima Faces y Stones o a The Eyes, The Poets, The Attack o The Mark Four, bandas de las que en algunos casos conservamos un par de canciones y recuerdos borrosos, pero cuyo sonido, sesenta años después, sigue brillando y asombrando.

José Preciado