La brecha

La brecha

Hoy os vengo a hablar de la brecha, la generacional, y de cómo se abrió la otra tarde ante mí, inopinada, insolente, burlona, inmensa y abismal.

Resulta que mi hija mayor, Sara, se casa con su Pablo y, entre ella y yo hemos estado preparando material para que, en la boda, el dj nos vaya amenizando el cóctel y haciendo bailar en la fiesta posterior a la cena. Juntos y sin conflicto alguno, hemos seleccionado música soul, funk, disco y dance desde los años 60 del siglo pasado hasta hace bien poquito para conseguir así tener un ‘fondo de armario’ que tranquilamente pasará de las 12 horas y dejárselo al pincha todo alicatado hasta el techo.

Bueno, pues eso, hace como cinco días me dice “papá, dime alguna canción de vuestra generación que consideres obligatoria para la fiesta” y yo le contesto de forma automática y espontánea con buena parte del contenido de la playlist de hoy, es decir, con temazos/hitazos/topicazos tan incuestionables como insuperables para cualquiera que tuvo alrededor de 20 años durante la década de 1980: de Aztec Camera a The Style Council y de Elvis Costello a Depeche Mode. Una hora –me imaginaba yo- de baile tan épico-nostálgico, cómplice, fraterno y sanador para todos los boomers presentes como –¡ay!- para el resto de los asistentes, incluyendo el personal de sala, la brigada de cocina y hasta el cortador de jamón, que es, por cierto, primo de mi mujer.

Y entonces, de forma tan inmediata como igualmente espontánea y automática, va la jodía de mi hija y me dice “pues no me justa ninguna, jajá” y se queda tan pancha como yo de piedra, asomado a la boca inmensa de la sima que separa los grupos de edad: mudo, inerte, pasmado, descolocado y un poquito ridículo.

No sonará, pues, en la boda de mi hija la playlist que hoy os traigo y por eso os la traigo, para que me escueza menos el menosprecio.

PS: Al final se salvaron “Just Can’t Get Enough” y “Tainted Love”. Menos da una piedra.

José Preciado