Dolly Parton (in memoriam)
La primera playlist de la temporada siempre sale con septiembre empezado, como debe ser, pero la desagradable circunstancia de la muerte de Dolly Parton me impulsado a cambiar los planes y a sacarla hoy.
En España, hace tiempo, había cierta polémica acerca de quién de nuestras folclóricas era La Más Grande, que si una, que si otra, que si aquella cuyo baúl viajaba mucho, que si esta otra de Chipiona.
En el ámbito del country, sin embargo, me atrevo a afirmar que no hay discusión posible: La Más Grande ha sido y será por siempre Dolly Rebecca Parton, por su carrera, por lo que hizo para construirla y por erigir con ese trabajo una figura mítica y múltiple que combinaba la cantante, la compositora, la actriz, la productora, la escritora, la empresaria y la filántropa.
Y al respecto de esa última faceta, cabe señalar que se calcula que Dolly, a lo largo de los años, se dejó veinte millones de dólares en donaciones.
O sea, que hasta dio lecciones de cómo ser rica.
Dolly se crio en una cabaña de una única habitación de los Apalaches de Tennesse como cuarta hija de una familia de doce hermanos. Era literalmente una “hillbilly” pata negra y ya desde pequeña, como contó muchas veces, sintió el impulso y la necesidad de escapar de su destino.
Eso que contaba era la anécdota del encuentro de ella y su madre en una calle de su pueblo con una mujer hermosa, de pelo teñido y cardado, labios y uñas rojos y ropa ceñida a quien la señora Parton ordenó a Dolly que no mirara por ser “una cualquiera” (“a tramp”, que también se puede traducir por “una golfa”). La niña no solo la miró, sino que se dijo a sí misma que de mayor quería ser como ella.
Tal vez porque al cuarto retoño de aquellos montañeses le bastó un vistazo para entender eso de la hipersexualización como empoderamiento. Y del manejo calculado y cuidadoso de esa y otras fortalezas es de lo que fueron su vida personal y profesional
Just because I’m blonde, don’t think I’m dumb
‘Cause this dumb blonde ain’t nobody’s fool
(Solo porque soy rubia, no creas que soy tonta
Porque esta rubia tonta no es la tonta de nadie)
«Dumb Blonde» 1967
Y precisamente con “Dumb Blonde” arranca la playlist de hoy, que trata de ser un recorrido por los hitos de la carrera artística de 60 años de Dolly Parton.
Así, «Joshua» le dio en 1970 su primer número uno en solitario, la prueba de que podía sostenerse sin la sombra de Porter Wagoner, el hombre que la había lanzado y que, sin saberlo, también le dio material para dos de sus canciones más perdurables.
Con «Coat of Many Colors» (1971) Parton dejó de ser una voz country más y se convirtió en narradora: una canción sobre la pobreza, la dignidad y una madre cosiendo un abrigo de retales, que ella misma llamaría siempre su composición favorita.
Luego llegó «Jolene» (1973), la canción que la volvería universal. Tres acordes, una súplica, una rival que nunca aparece en escena y que por eso mismo lo ocupa todo. Ese mismo año escribió, en una sola tarde, «I Will Always Love You» —un regalo de despedida profesional a Wagoner que se convertiría, veinte años más tarde, en la interpretación de Whitney Houston, en uno de los momentos pop más grandes del siglo XX.
Los años siguientes fueron de consolidación: «Love Is Like a Butterfly» (1974) y «The Seeker» (1975) mostraron a una Parton más introspectiva, casi mística, antes del giro decisivo. «Here You Come Again» (1977) fue ese giro: el cruce al pop, la traición según los puristas de Nashville, la coronación según todos los demás. «Two Doors Down» (1977) y «Baby I’m Burnin’» (1978) —esta última, casi un tema disco— confirmaron que Parton no cruzaba géneros por accidente, sino por estrategia. Sabía exactamente lo que hacía. Siempre lo supo.
Y además ese golpe de timón enseñó el camino a las que vinieron detrás, desde Shania Twain a Kacey Musgraves o Taylor Swift.
Los ochenta la volvieron omnipresente. «9 to 5» (1980) no fue solo una canción, fue un manifiesto laboral con ritmo de máquina de escribir, nacida de una película que ella misma protagonizó y que convirtió el trabajo administrativo femenino en materia de himno. Le siguieron los dúos: «Islands in the Stream» (1983) con Kenny Rogers, un cruce country-pop tan perfecto que parece diseñado en laboratorio, y «Real Love» (1985), la reafirmación de esa complicidad. Parton entendió el dueto como pocas: no como concesión, sino como arquitectura de dos voces que se sostienen mutuamente.
Aunque lamentablemente haya que señalar el dúo con Julio Iglesias como excepción a todo eso.
Los noventa trajeron una Parton menos preocupada por las listas y más por la raíz. «Rockin’ Years» (1991), dúo con Ricky Van Shelton, y «Eagle When She Flies» (1991) hablan de una artista que ya no necesitaba demostrar nada, y que por eso mismo empezó a demostrarlo todo: con «The Grass Is Blue» (1999) regresó al bluegrass de su infancia, y los críticos —esos que alguna vez la redujeron al escote y la peluca— tuvo que rendirse ante la evidencia de una artista inmensa.
Ya en el nuevo siglo, «Travelin’ Thru» (2005), escrita para la película Transamerica, le trajo una nominación al Óscar y confirmó algo que sus fans siempre supieron: que detrás del personaje había una mujer tan entregada a la causa de los marginados como discreta. «Better Day» (2011) fue optimismo de madurez, sin ingenuidad. Y cuando el mundo pensó que ya la tenía completamente catalogada, «World on Fire» (2023) —de su álbum de rock Rockstar, grabado pasados los setenta años— llegó como recordatorio de que Parton nunca firmó un contrato con el conformismo.
Y luego está «9 to 5» otra vez, no como canción nueva sino como fenómeno recurrente: remezclada, citada, homenajeada por generaciones que ni siquiera habían nacido cuando salió, prueba de que algunas canciones no envejecen, se reactivan.
Por eso la tenéis en la playlist en más de 20 interpretaciones diferentes.