“De puntillas” (“Tip Toe”, HBO, 2026)
Con la formalmente impecable y, hasta cierto momento, muy bien desarrollada (casi urdida) “De puntillas” tengo un problema que nace en el momento justo en que la serie termina.
Ese momento en que agarro el móvil y pregunto al buscador si los hechos narrados han ocurrido realmente. La respuesta es NO: todo cuanto hemos visto es ficción y, por lo tanto, la sucesión de causas y efectos sobre los que se sustenta la historia es artificial, es decir, diseñada, desarrollada y llevada al guion y las imágenes con un propósito.
Y pensando en ese propósito es cuando de verdad empiezan mis tribulaciones, que quizá pueda sintetizar en una serie de preguntas:
¿No es –expresado en términos de retórica- una falta flagrante de “decoro” que el tono general de la serie sea de comedia sexual de enredo justo hasta llegar al desenlace, en los últimos 30 minutos de capítulo final, donde todo se precipita tan súbita como forzadamente primero hacia el drama y luego hacia la tragedia?
¿No es una exhibición también flagrante de maniqueísmo que todos los personajes “queer” sean positivos -y hasta luminosos-, incluida la muy cínica Melba (interpretada fastuosamente por Paul Rhys), mientras que los hetero son en su mayoría problemáticos, torturados, traicioneros, maltratadores, brutales y violentos?
¿No rechina el comportamiento (o sea, en el diseño del personaje) de Clive, ese electricista heterosexual, xenófobo, machista, adúltero, cerril y violento que puede no obstante conseguir por momentos nuestra simpatía y hasta nuestra lástima?
¿Y no puede ser Clive, este “actante” bipolar, impredecible por injustificado, ser la clave que explique por qué la idea de enfocar esta serie como tesis es un disparo de fogueo y casi un fracaso?
Porque –“indecorosa” comedia aparte-, si lo que los autores de “De puntillas” pretendían era advertir sobre la ola reaccionaria que acecha y amenaza a LGTBIQ+ ¿No sería más efectivo (aunque obviamente menos efectista) exponer sucesos verificables que justifiquen ese peligro real que no fabular sobre acontecimietos no sucedidos?
¿Y el hecho mismo de (tener que) inventar una situación extrema no deprecia esta como peligro verosímil y no arruina esta simulación el propósito mismo de la serie, esa “tesis” de marras?
Ah. Pero por supuesto que la tenéis que ver. Y no para comeros el coco como yo. El reparto es fabuloso y, solo por el duelo actoral entre Alan Cumming y David Morrisey, ya merece la pena.