El estimulante caso de la serie que se va gustando a sí misma
Justo al contrario que la decepcionante “DTF St Louis”, “Spider-Noir” (MGM+/Prime Video, 2026) es una serie que se suelta capítulo a capítulo hasta sus dos fabulosos episodios finales, que son, literal y metafóricamente, “de cine”.
La idea de un Spiderman habitando el universo del cine negro, Nueva York años 30 y trama detectivesca tópica/canónica, no es original de los creadores de la serie, pues existen dos entregas previas en cómic de hace unos 15 años y el personaje de Spiderman-Noir aparece además en la película de animación “Spider-Man: Into the Spider-Verse” (2018), donde ya recibía la voz de Nicholas Cage.
Pero es sin duda en esta estupenda ficción estrenada en mayo de este 2026 cuando el personaje alcanza una formidable dimensión que, además y especialmente, le encaja a Nicholas Cage de maravilla; hasta el punto de que los principales prejuicios –la edad del actor y la más que evidente diferencia de físico entre el superhéroe y su alter ego-, que se podrían aplicar al comienzo del visionado, empiezan a sumar y no a restar conforme avanza la función.
Es cierto que la trama en los primeros capítulos se desarrolla en lo detectivesco sin poder ni medio pie fuera del canon (o del tiesto), con dos capos enfrentados (un gangster y un alcalde), una femme fatale exótica de libro, un pasado doloroso con su trauma y sus litros de alcohol, un amigo y una secretaria fidelísimos y hasta un niño, pero la grandeza de la escritura de “Spider-Noir” felizmente resulta que se muestra aprovechando, redimensionando y engrandeciendo esos elementos para, cuando llega el momento, fundirlos de una manera casi perfecta con el enfrentamiento entre el supehéroe y los supervillanos, con subtrama paracientífica de regalo.
Cage está como hace mucho que no lo veíamos, Brendan Gleeson compone un mafioso de museo y Li Jun Li es fabulosa.
Ojalá dejen a Oren Uziel que nos regale otra temporada.