“Half Man” (HBO, 2026)
En “Half Man” Richard Gadd (“Mi reno de peluche”) reincide en las historias turbias con componentes autobiográficos, solo que la ironía que barnizaba “Mi reno…” ahora desaparece y es sustituida por brutalidad, fatalidad, cinismo y vértigo.
Durante la Guerra Fría se solía decir –supongo que para aliviar la desazón- que la “destrucción mutua asegurada” era la garantía de que los soviéticos y los países de la OTAN no se iban a liar a bombazos nucleares. Niall y Ruben, los dos “hermanos de distinta sangre” de “Half Man”, no solo no ignoran eso de la “mutual assured destruction”, sino que parece que la han convertido en el sentido de sus vidas y -para su desgracia- de las vidas de cuantos los rodean y hasta, a veces, los quieren.
“Half Man” es la historia de dos destructores compulsivos e insaciables, pero también es un juego endemoniado en el que el espectador o participa o tiene que dejar la función.
Porque esto no se puede ver desde fuera. Por eso recuerda tanto a “Adolescencia”.
La estructura de los seis capítulos es más fácil de describir que de digerir. Asistimos desde el principio al último acto, la boda del hermano “débil” (más comillas habría que poner), en la que, por sorpresa y sin haber sido invitado, irrumpe el hermano “fuerte”. A partir de esa situación, que no se liquidará hasta seis capítulos después, se van lanzando flashbacks que ilustran el pasado de los dos protagonistas desde la adolescencia a la edad madura.
Además, cada capítulo muestra/justifica las causas de una determinada situación (consecuencia) vista con anterioridad. Y, a través de ese proceso revelador de causa-efecto vamos advirtiendo –no sin sorpresa- que nuestra percepción inicial del sociópata como victimario y del tímido-con-gran-vida-interior como víctima se va transformando hasta el punto de dejarnos bastante en evidencia.
A nosotros, a nuestros prejuicios y a nuestro buenismo.
Porque Richard Gadd y Stuart Campbell como Ruben y Jamie Bell y Michell Robertson como Niall nos van a agarrar y nos van a arrastrar por una torrentera de abusos, palizas, humillaciones, frustraciones, fingimientos, traiciones, estafas, resurrecciones, recaídas, dependencias, chantajes, y venganzas y las van a mostrar ante nuestros sobrecogidos (pero ávidos) ojos de forma impúdica y feroz.
Como si todo estuviese escrito por Niall y ejecutado por Ruben.