Northern Soul

Northern Soul
Una de las subculturas musicales (y de baile, mucho baile) más interesantes de los últimos cien años es sin duda la del Northern Soul, porque, ya desde su inicio, tiene unas características tan particulares que la hacen única.
Lo de “northern soul” hay que entenderlo como ‘el soul que gusta/bailan en el norte de Inglaterra y las Midlands’ (Manchester, Leeds, Blackpool, Newcastle, York, Nottingham, Birmingham…), lugar donde determinados clubs de zonas suburbanas (The Twisted Wheel, Wigan Casino, The Torch, Blackpool Mecca) frecuentados por jóvenes blancos de clase trabajadora empezaron a programar sesiones maratonianas de soul que se alargaban desde la medianoche del sábado hasta la mañana del domingo.
Esto ocurría a principios de los 70, cuando en la cuna del soul, al otro lado del Atlántico, ya estaban mutando del funk al disco y, en las capitales inglesas, los jóvenes de la burguesía estaban pasando de la psicodelia al hard-rock. Las canciones que más gustaban eran los “floorstompers” (‘llenapistas’, más o menos), rítmicos y pesadores (el 4×4 que se impuso con el rhythm and blues de los 50 y llega, pasando por el disco y el house hasta el dance contemporáneo), a ser posible de solistas o grupos norteamericanos semidesconocidos de mediados de la década anterior. Finalmente, la liturgia exigía un tipo de baile “suelto”, atlético y enérgico y un código de vestimenta que en ellas reclamaba faldas amplias y blusas ceñidas y en ellos, pantalones acampanados y camisetas o camisas de bolos.
La trascendencia del movimiento, que fue mucha, hay que medirla a través de varios factores, como son el rescate musical de artistas afroamericanos y sellos humildes que vivieron una era de segunda oportunidad en Europa; la implantación (una de las primeras veces) de una cultura de dj’s y coleccionistas que primaban sobre todo el hallazgo de rarezas y, como consecuencia de esto, una de las primeras culturas de club con sus propios rasgos gregarios o tribalizantes marcados por la ropa y los peinados.
Finalmente, el Northern Soul estableció un puente entre el ocio nocturno de la clase trabajadora británica y la música afroamericana. Por ese puente circularían más tarde el hip-hop, el house o el acid-jazz.
Sin el Northern Soul, además, no se pueden entender el “blue eyes soul” de los 80, el movimiento Madchester o la cultura rave.
¿Y qué contiene la playlist de este domingo? Pues un buen puñado de “floorstompers”.
Así que a bailar.

José Preciado