Corridos tumbados
Los intérpretes de los llamados “corridos tumbados” (que son el contenido de la playlist de hoy) han hecho con el folclore mexicano lo mismo que hizo Rosalía con el flamenco, esto es, vincular un determinado tipo de música tradicional, reconocible por muy característica, con los llamados sonidos urbanos contemporáneos (hip-hop, trap, reguetón) y petarlo en el Billboard y en las escuchas de las plataformas.
Artistas como Nataniel Cano, Clave Especial, Tito Double P, Fuerza Regida o Peso Pluma, por ejemplo, acumulan en Spotify audiencias de nueve cifras, llegando a las diez en algunos casos.
Así que bienvenidos al siguiente tsunami.
Los corridos tumbados son hijos de los llamados “narco-corridos” y nietos de los corridos de toda la vida, algo de lo que no se puede dudar después de escuchar dos o tres temas: ahí están las cuerdas tradicionales del requinto y el bajo sexto, acompañadas casi siempre por unos vientos que se balcanizan por momentos (los mejores, por cierto). A esa base se suman síncopas más propias de la música urbana (de ahí lo de “tumbados”, en el sentido de ‘inclinados por ir rápido’) y las voces, directas y de entonación simple.
En cuanto al contenido de las letras, con un léxico propio de un capítulo de “Narcos: México”, tenemos fundamentalmente un único enfoque, que es el del varón malote heterosexual (vacunados nos tiene el reguetón, así que ya no hace falta hiperventilar) y dos temas fundamentales, a menudo interferentes: la vida de la calle, con frecuencia, criminal o en la zona gris, y el amor-pasión tormentoso, atormentado y bramante.
Y esto es lo que hay, mis carnales, desde México revienta una olototota de música callejera, exageradamente sabrosa, perrísimamente potente, orgullosototota, rifadototota, valientototota y adictivísima nivel “no la sueltas ni aunque te regañen”.