Dream Club

Dream Club
En “El juego de Hollywood” (“The Player”, Robert Altman, 1992), el ejecutivo cinematográfico Griffin Mill (Tim Robbins) lleva a la pintora June Gudmundsdottir (Greta Scacchi) a un resort en el desierto ideal para parejas y, por distintas razones, tan extraordinario que Mill tiene que confesar a Gudmundsdottir que “sitios así solo existen en las películas”.
Ese fenomenal guiño autorreferente y metacinematográfico me hace pensar que la lista de hoy -la de la vuelta del verano- más que una lista es una sesión y que esta podría evocar un lugar, un bar, un club, que solo existe en mi imaginación, en la vuestra o “en las películas”.
Ese garito de mis ensoñaciones estaría siempre lleno, pero nunca repleto; el barman, que conocería a todos sus clientes por sus nombres de pila, te serviría -siempre acertando y antes de que pudieras llegar a pedir- copas que acarician y calientan pero nunca emborrachan; a tu lado, en la barra, siempre encontrarías, reposados y dichosos, a personajes bellos e interesantísimos, capaces siempre de escucharte y, a su vez, ellos perfectamente dotados para hablarte dedicadamente, por ejemplo, de jazz francés, de novela negra escandinava o de Kierkegaard y hasta de Schrödinger y que consiguieras sin esfuerzo entenderlo todo -pero todo- a la primera.
En ese bar donde nunca se hace tarde y los baños huelen a vainilla Bourbon y madera de cerezo, pone la música el tipo más sofisticado y humilde (al mismo tiempo, ojo) de todo el planeta, que tiene un nombre rotundo y exótico y te conoce casi de toda la vida (como a casi toda la clientela). Tanto es así que le basta una mirada para que sepas qué va a sonar enseguida y casi le sobra un gesto tuyo para entender tu sugerencia para un poquito más tarde.
Y haciendo la lista/sesión de hoy se me ocurrió que solo así podría sonar la música de ese sitio prodigioso.

José Preciado