Etimología de «Macarra»

Etimología de «Macarra»

Hace unas semanas veíamos la etimología de “proxeneta”, “alcahuete”, “chulo” y “rufián” y dejábamos para hoy al inefable “macarra”, al que vamos a sumar tres términos de uso americano que también recoge el DLE, como son “caficho”, “canaca” y “padrote”.

Aunque, como avisé, creo que el más curioso es “macarra”.

Es un término muy usado en castellano (aunque por alguna razón “virtuosa” no fue admitido por la RAE hasta 2001 ni aparece su etimología en Corominas), tanto como sustantivo como adjetivo, dejando atrás o a un lado su significado primario de ‘proxeneta’. Tanto es así que este sentido primario se registra actualmente como tercera acepción de la palabra, siendo ‘persona agresiva, achulada’ (“te pusiste hecho un macarra”) la primera y ‘vulgar, de mal gusto’ (“vaya camisa más macarra que llevas”), la segunda.

Aunque existen usos que unifican ambas acepciones:

Soy un macarra, soy un hortera,

voy a toda hostia por la carretera.

“Macarra” es probablemente un préstamo al castellano desde el catalán “macarró” de hace unos 100 o 150 años y su uso durante décadas fue marginal. Al catalán llega desde el francés “maquereau”, que es palabra masculina y designa tanto al ‘rufián’ como a la “caballa”, en un caso de homonimia verdaderamente sorprendente.

“Le maquereau” (pez) proviene del latín “macula”, ‘mancha’, por las rayas que se muestran en la piel de la caballa.

Un saludo y un abrazo a Ceuta.

Y “le maquereau” (proxeneta) proviene directamente de un femenino medieval, “maquerelle”, que designaba a la ‘alcahueta’ y que, a su vez, era un préstamo del neerlandés “makelaer”, que, por su parte, derivaba del verbo de esa misma lengua “makeln/maken”, y que tiene la misma raíz que el inglés “to make”.

Y hay más, porque el francés “maquilleur” y el español “maquillador” tienen la misma etimología neerlandesa/germánica pasando por el picardo, lengua romance hablada en el norte de Francia.

O sea, que el macarra, el maquillador, le maquereau, le maquilleur, la maquerelle y de makelaer son básicamente ‘los que lo hacen [posible]’, ya sea un encuentro sexual pagado, una aplicación cosmética o lo que surja.

Ah, y en francés actual “le mac” es el ordenador de Apple y también el proxeneta.

Tengo que aclarar finalmente que “macarrón”, ‘pasta alimenticia en forma de canuto’, no tiene nada que ver con “macarra” y que su origen está en una palabra griega o bizantina (“makaría”) que significaba ‘gacha, papilla, masa’.

Sigamos.

La siguiente parada es “caficho” (o “cafiche” y hasta “cafisho”), que designa a la persona que regenta un “quilombo”, es decir, un prostíbulo (luego este término de procedencia africana ya pasó a significar ‘lío, barullo, gresca, desorden’), y ambas palabras tienen origen en el lunfardo, como “pibe”, “mina”, “bacán” o “biaba”.

El lunfardo (de “lombardo”) es un habla de germanía o jerga del subproletariado rioplatense que ha sido estimada falsamente como dialecto y hasta como lengua.

Y, lamentablemente, como con casi todo lo que tiene que ver con el lunfardo, hay que andarse con pies de plomo, porque sus “estudiosos” van a tratar de “tangarte”.

Y, si no, aquí va un ejemplo:

Cuando vimos el origen de “chulo”, concluimos en que, muy probablemente, provenía del italiano “ciullo”, que significa ‘chico, chaval’. Bueno, pues hay otra palabra italiana, proveniente de la jerga callejera, boloñesa en este caso, con el mismo significado de ‘muchacho/muchacha’ y esta palabra es “cafiel/cafiella”. Con esto tendríamos dos palabras italianas con el mismo origen, el mismo significado primario y una misma evolución semántica. Y, además, en Paraguay, un “cafisho” es un ‘chapero’, oficio que suelen desempeñar varones jóvenes.

Qué sencillo ¿verdad? Pues no.

Los etimólogos tangantes del lunfardo, pretenden hacer proceder “caficho” de la expresión inglesa “stock fish”, que hace/hacía referencia al pescado seco o en salazón (bacalao, abadejo…), el mismo que puede almacenarse en grandes cantidades y largo tiempo y que da en italiano “stocafisho”, de donde supuestamente tendríamos al “caficho”, que sería quien guarda y vigila a mujeres “almacenadas” como si fueran piezas de bacalao.

Más o menos, la misma asociación de ideas que originó la famosa expresión “volquete de putas”, de infausta memoria.

Quedaos con la versión que más o guste, que vamos terminando.

Lo de “canaca” también es muy curioso. Es la palabra que en Chile designa al “caficho”, al chulo, al regente del prostíbulo. Y su origen es hawaiano.

La palabra polinesia “kanaka” significa ‘persona, ser humano’ y es el término con que los nativos del Pacífico se designan a sí mismos. Esa misma palabra, adaptada al francés como “canaque”, designaba en el siglo XIX a los indígenas de la Polinesia que eran captados como semi-esclavos para trabajar en plantaciones mediante la técnica del “blackbirding” (‘caza de mirlos’), la misma argucia usada para reclutar a mujeres jóvenes a las que se promete un buen empleo lejos de casa y acaban siendo prostituidas; o idéntica a la que ahora mismo, al parecer, está usando el gobierno ruso con jóvenes incautos de Perú y Ecuador, que acuden a Rusia a trabajar con un contrato aparentemente muy goloso y acaban, horas después de aterrizar, vistiendo un uniforme y empuñando un arma en el frente ucraniano.

Por extensión y en el ámbito del Pacífico, varias formas de “kanaka” acabaron designando a las personas obligadas a trabajar en condiciones penosas, como son, también por supuesto, las prostitutas. Y así, probablemente, en Chile se pudo acabar designando al chulo como “el que se encarga de las canacas” y luego, en un par de sencillas abreviaciones, convertirse él en “el canacas”.

Por último, en el Golfo de México y el Mar Caribe no es raro designar al proxeneta como “padrote”, que es una derivación de “padre” mediante el sufijo “–ote” y que hace con el “progenitor A” lo mismo que hace “amigote” con “amigo”, “islote” con “isla”, “palabrota” con “palabra” o “narizota” con “nariz”, es decir, añadir al significado de la palabra-base una apreciación afectivo-valorativa de ‘tosquedad, vulgaridad, ridiculez o falta de finura’.

Y todo eso para significar ‘semental’ y usarse como ‘chulo’.

Hemos acabado. Muchas gracias por leer hasta aquí.

José Preciado