Etimología de «desahucio»
El desmedrado y malogrado “Decreto Maricarmen” (en sus variantes A y B) y los hechos precedentes han puesto de nuevo en el tablero lingüístico cotidiano palabras como “desahucio”, “decreto” (que ya vimos hace algún tiempo en su variante omnibus), “alquiler”, “inquilina”, “vulnerable”, “propietario”, “expropiar”, “rentista” y “buitre”.
¿Le echamos un vistazo al origen de este peculiar ramillete de vocablos?
Nuestro verbo DESAHUCIAR significa ‘quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea’, ya sea la prórroga de un contrato (“Desahuciaron a Maricarmen”), la superación una enfermedad (“Era un cáncer terminal y los médicos lo desahuciaron”) o incluso seguir jugando en Primera (“Con estos resultados, el Málaga va a estar desahuciado cuando llegue marzo”).
Su origen estaría en la forma medieval “afuciar” (‘fiarse, confiar’) y su antónimo “desafuciar” (‘quitar la confianza’). “Afuciar” es la evolución del latín “ad-fiduciare” (‘dar seguridad’), que provenía de “fidere” (‘fiar, garantizar’).
”Fiduciare”, como cultismo (voz latina trasplantada al romance sin evolución “natural”), está en el idioma en expresiones como “heredero fiduciario” o “fondo fiduciario” (figuras legales relacionas con los “fideicomisos” que salen en las películas de gente rica).
ALQUILER es un arabismo (de “al-kira”, que significa ‘la renta, el arriendo’) ya documentado en castellano en 1202 y enseguida presente en “El conde Lucanor”, “Calila e Dimna” y hasta en los escritos de Santa Teresa.
INQUILINA es otro cultismo, en este caso procedente del latín “inquilinus”, que era el ‘locatario, habitante’ de un lugar que no es de su propiedad, palabra que derivaba del verbo “incolere”, que podríamos traducir como ‘dentro del cultivo’ y que se aplicaría a los aparceros o arrendatarios de fincas rústicas.
“Colere” (en “in-colere”) está en el origen de “cultivar”, “colono”, “cultura” y hasta en “terrícola”.
Hace mucho tiempo también se llamaba “inquilino” al alumno que acude a las clases de su maestro, pero no las aprovecha. Eso que actualmente designa el tecnicismo docente “mueble”.
Y en la modernidad no tan reciente tuvo “inquilina” un divertido cruce con el verbo “alquilar” y produjo la perla vulgarista “alquilina”, de gran difusión, aunque hoy apenas se oiga.
VULNERABLE es también cultismo. Procede del latín “vulnus”, que significaba ‘herida’.
San Juan de la Cruz es quien, en su inmenso “Cántico Espiritual”, usa en castellano el verbo “vulnerar” por primera vez y en sus comentarios en prosa (porque San Juan era un poeta que se explicaba a sí propio) dice que significa ‘herir’ o ‘llagar’.
Y, curiosamente, hasta la aparición de expresiones como “personas vulnerables” hemos usado mucho más el antónimo “invulnerable”, aplicado a fortalezas, sistemas informáticos o superhéroes.
Como parece obvio, PROPIETARIO y EXPROPIAR comparten origen (y no deja de tener el asunto cierta ironía) en el latín “proprius”, derivado de la expresión “pro-privus”, es decir, ‘para lo privado, para sí, para uno mismo’.
Tenemos ya una inscripción del siglo IV en latín vulgar con “propio nomine” y en romance aparece por primera vez en el 965 como “peropio” y ya como “propio” en 1206.
“Propietario” vendría del latín “propietarius” (‘el que tiene derecho de propiedad sobre algo’) y los antónimos “expropiar” y “apropiar” (‘quitar la propiedad’/’dar la propiedad’) vendrían a su vez de las formas latinas *expropiare y *adpropiare. Y todos son cultismos.
RENTISTA y RENTA (como “arrendar” y “arriendo”) provienen del latín vulgar *rendita/*renditus, participios de *rendere, evolución del latín culto “reddere”, un compuesto (“re” + “dare”) que significaría ‘dar hacia atrás, obtener un retorno’.
Es curiosa la suposición de que el cambio vocálico de *reddare a “reddere” se produjera por influjo de los verbos “prehendere” (‘tomar, recibir, agarrar’) y “vendere”, porque las tres formas se usaban comúnmente en los mismos contextos.
BUITRE proviene del latín “vulturem”, que era la evolución de “voltur”, palabra de probable origen etrusco y procedente de la raíz indoeuropea *wel- que significa ‘desgarrar’. Los romanos tenían nombres propios –Velturna, Volturnus- con el mismo origen y que habría designado a divinidades etruscas relacionadas con los augurios hechos a partir de la observación del vuelo de los buitres.
En catalán es “voltor”, “voitre” en gallego y “abutre” en portugués.
Dos etimologías de postre y terminamos:
Los acampados en la Puerta del Sol y en otros lugares y los manifestantes (y los que no se manifiestan) que defienden medidas que corrijan los desequilibrios del mercado de la vivienda y que creyeron que era posible que saliera adelante el Decreto Maricarmen y/o que este podría solucionar algo están sufriendo en sus carnes el fracaso de esta muy improvisada medida del Gobierno que ha resultado un enorme fiasco y ha provocado una tremenda frustración.

FIASCO es la forma italiana de nuestro “frasco” y ambas palabras tienen su origen en el germánico “flasko”, que no nombraba la botella, sino una protección de mimbre.
Su presencia en nuestra lengua se debe a la importación desde el país transalpino (Bretón del Los Herreros en el siglo XIX) de una expresión de la jerga teatral, “fare fiasco”, atribuida al actor Domenico Biancolelli, el gran Arlecchino (siglo XVII), que la pronunció como metáfora de fracaso después de una funesta actuación suya ante la corte francesa.
La verdad es que no tenemos ni idea de por qué Biancolelli usó esas palabras porque hemos perdido la motivación que ata la expresión con su significado. No obstante, existen dos hipótesis y cada tiene su puntito.
La primera dice que en la obra en que il grande arlecchino fracasó había usado en escena un frasco como Hamlet usa la calavera, pero que la cosa no cuajó. Por lo que sea.
Y la segunda propone que la expresión “fare fiasco” es original de la jerga de los vidrieros o sopladores de vidrio que la emplearían cuando, tratando de dar forma a un fino recipiente de cristal, la cosa se tuerce y lo que resulta es poco más que un frasco.
Elegid vuestra propia aventura, porque no hay evidencia que respalde ninguna de estas dos posibilidades.
Y, finalmente, FRUSTRACIÓN, que, casi como “deshaucio”, significa ‘sentimiento que provoca perder lo que se esperaba’, es otro cultismo traído casi intacto desde el latín “frustratio”, nombre deverbal procedente de “frustrare” (‘equivocar, decepcionar, malograr, tergiversar’).
A su vez, “frustrare” proviene del adverbio “frustra” (‘en vano, inútilmente’) y ambas palabras del sustantivo latino “fraus”, que nombraba en lengua jurídica el ‘daño causado por un engaño’.
Qué cosas tiene la etimología.