“Song Sung Blue” (Craig Brewer, 2025)
“Song Sung Blue” tiene todos los ingredientes para poner muy nerviosos a los críticos cinematográficos ideologizados (Elsa Fernández Santos, en enero, en El País, es un ejemplo para enmarcar).
La película cuenta la historia cierta de la pareja sentimental y artística formada por Mike y Claire Sardina, quienes alcanzaron cierto renombre en los ambientes de los karaokes y tributos de Wisconsin en los años 90 como reintérpretes de los éxitos de Neil Diamond y que lograron fama y gloria momentáneas por haber teloneado nada menos que a Pearl Jam en un concierto de 1995.
“Song Sung Blue”, que se basa en un documental previo (2008) del mismo título, discurre por los derroteros del drama familiar y las historias de superación, mientras muestra en paralelo la carrera musical de los Sardina como un triunfo artístico completamente desprovisto de complejo de secundones o imitadores.
Supongo que este relato verídico de vivencias de clase trabajadora blanca razonablemente feliz y muy satisfecha de sus logros postizos, sin personajes aplastados por los privilegios de nadie, sin rabia racializada o por la diversidad sexual, sin ni siquiera un pequeño conflicto por vía del heteropatriarcado, esto es, una historia contada por los cauces tradicionales y que solo pretende agradar, conmover, emocionar y divertir a los espectadores, es lo que probablemente haya sacado de sus casillas a la cronista de El País, a unos cuantos de sus colegas y a no pocos jurados de festivales y certámenes internacionales por los que el film pasó casi de manera tangencial.
“Song Sung Blue” tiene encanto, chispa, buen rollo y se deja ver con la facilidad con que entra una cerveza un día de verano. Si a esto unimos las magníficas interpretaciones y la química entre Kate Hudson y Hugh Jackman, no podemos sino concluir que fue probablemente una de las mejores películas del año pasado, que tuvo poca suerte (y, seguro, alguna zancadilla) y que merece absolutamente la pena que la veáis en cualquiera de las muchas plataformas donde ya está disponible.
PS: Sirve también la película como demostración científica de que el cancionero de Neil Diamond es tan grande que lo le caben adjetivos.