«Un poeta» (Simón Mesa Soto, 2025)
Me han contado (porque yo no tengo ni idea del asunto) que, de entre todos los artistas, son los poetas los más celosos y feroces rivales de sus colegas, que no tienen ni una molécula de piedad con sus hermanos en la lírica y que cuando se trata de lograr un reconocimiento público o disputarse cualquier tipo de distinción, pueden sacarse mutuamente las tripas sin que les contraiga ni un músculo de la cara o una hilacha del alma.
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El director colombiano Simón Mesa Soto debe de haber sido liróforo o versificador, porque lo que hace –al menos en buena parte del metraje de su película “Un poeta” (2025)- con su pobre personaje Óscar Restrepo (Ubeimar Rios, a tus pies) no tiene nombre o al menos un nombre cristiano. Óscar es un vago, un borracho, un padre inexistente, un mal hijo, un idiota, un aprovechado y un “accidente ambulante” y es, además, un poeta fracasado de mediana edad que todavía se mece sobre el muy relativo éxito de sus dos libritos de juventud.
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A Óscar le consiguen un trabajo como profesor (su primera clase con el termo lleno de ron en la mano es una escena antológica) y allí descubre a Yurlady, un diamante lírico en bruto que se apresta a presentar como pupila en una sociedad poética de Medellín. En el seno de esa institución, al cabo de unas pocas semanas y una cena, Yurlady será violentada en cuerpo, alma y poesía (la hacen estrenarse en público con temas sociales) y será Óscar, al tratar de sacar la pata con lo que le ha pasado a la chica, cuando la meta épica y clamorosamente.
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Y, solo en ese momento, cuando Óscar está a punto de recibir un castigo que insospechadamente no merece, será cuando Mesa Soto, Yurlady y el universo, al fin, se apiaden del pobre poetastro con un parche/alivio poético que no cura, pero algo consuela.
Por el camino, el director y guionista (y seguro que poeta) se ha puesto las botas no dejando títere con cabeza: no se salvan los poetas, por supuesto, ni la dirección del instituto ni la familia de Yurlady en un ejercicio de crítica social (y moral) tan eficaz y concienzudo como la ráfaga de un AK-47.
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