“Father Mother Sister Brother” (Jim Jarmusch, 2025)

“Father Mother Sister Brother” (Jim Jarmusch, 2025)

Como no sé si tendré una oportunidad mejor, copio aquí cierto chiste que oí una vez:

—Si a esta le han dado el León de Oro en Venecia, tío, cómo será la película a la que le hayan dado el de plástico.

Y es que esa es la sensación general que te deja “Father Mother Sister Brother” (Jim Jarmusch, 2025), si la ves con el aliciente de ganadora en un prestigioso certamen histórico internacional. Claro, que esa vitola festivalera (en Venecia y en muchas otras partes) ha sido tan concienzudamente malbaratada que ya no provoca entre los aficionados otra cosa que una sonrisa entre burlona y desconfiante.
Tanto premio a tanta película exótica y/o precaria no podía caer en saco roto.

Otra cosa quizá podría pasar (pero no) si consigues desconectarla del trofeo del dorado felino adriático. Entonces puedes ver lo que hay debajo del papel de regalo ¿Y qué es lo que hay? Pues tres mediometrajes de actores caros con sueldos bajos (por aquello de la qualité), centrados en la relación (fingida, nula o recordada, según los casos) entre padres e hijos, unidos muy artificialmente por elementos recurrentes –skaters, coches, Rolex- y presididos por una muy calculada fatalidad.

Porque, por supuesto y una vez más, para el arte independiente (que no lo es, siempre está mirando de soslayo) e intelectual, la familia es basura, casi siempre.

El primer capítulo del film (con Tom Waits, Adam Driver y Mayim Bialik) es el mejor de los tres: tiene cierta gracia, un mensaje claro y un personaje –el de Waits- con bastante gancho. Lo malo es que efectivamente es el primero y todavía nos quedan dos que pasar.

El segundo (ni más ni menos que con Charlotte Rampling, Cate Blanchett y Vicky Krieps para multiplicar por tres el desaprovechamiento de actrices) es el peor y muestra que no hay nada o que quizá nunca lo hubo en la relación entre una madre novelista y sus hijas, o quizá sus supervivientes ¿Muchos “quizá”? Es lo que hay cuando apenas se cuenta nada y casi todo se deja para la imaginación del espectador.

Y el tercero (con Indya Moore y Luka Sabbat) se aprovecha de la presencia muy sexy de los dos modelos protagonistas para alargar sin alterarlo el planteamiento hasta convertirlo en conclusión, aunque, por lo poco que se cuenta, aquí al menos inferimos que papá y mamá se querían y quizá también querían a sus hijos.

En fin, si Jarmusch cree que ha rodado una reflexión sobre las relaciones paternofiliales que sepa que no lo ha hecho. Tiene que repetir el examen. Y, si cree que los que hemos reflexionado somos los espectadores, tiene que saber que sí lo hemos hecho, pero no sobre nuestras familias, sino sobre él.

Y a veces quizá también sobre su familia.

José Preciado