«Riot Women» (Sally Wainwright, 2025)

«Riot Women» (Sally Wainwright, 2025)

La nueva serie de Sally Wainwright (“Last Tango in Halifax”, “Happy Walley”) es un estupendo drama feminista militante con muy buenos y jugosos toques de comedia que cuenta demasiadas cosas en los seis capítulos que tiene y, por eso, algunas de esas cosas las resuelve regular.

No obstante, la experiencia merece la pena y la serie te la metes entre pecho y espalda en dos o tres sentadas, lo que dice mucho de su escritura, su puesta en escena y las estratosféricas interpretaciones de un elenco en absoluto estado de gracia.

Un concurso de talentos en un pueblo de Yorkshire mueve a un grupo de cincuentonas a formar una banda y participar. Todo cambia con la aparición de Kitty (espléndida Rosalie Craig), extraordinaria cantante, persona inestable, pasado turbio que camina, valle de todas las lágrimas y muy eficiente agente del caos.

Las Riot Women pasan de hacer versiones de Abba a escribir y tocar canciones de punk menopáusico rabioso y todo el entorno de estas esforzadas mujeres se va a apresurar en ofrecerles razones de peso para no tener que fingir la rabia. Esas circunstancias ambientales son un magnífico, implacable y desolador muestrario de calamidades personales, familiares, amorosas, materno-filiales y las simplemente arbitrarias y sorpresivas, que son las que dejan peor cuerpo a los personajes y al espectador.

Tiene la serie algún problema de tono cuando pasa casi sin avisar de la comedia al drama y sobre todo cuando hace el camino inverso, especialmente porque provoca un notable desvalimiento al buscar un final confortable para el espectador como si este pudiese obviar algunos terribles asuntos que la trama no ha solventado de forma satisfactoria.

No me atrevería a acusar a Wainwright de una escritura deficiente sin sospechar que, probablemente por razones presupuestarias, acabó embutiendo en seis capítulos un guion pensado para un desarrollo más amplio y el hecho de que no se haya anunciado una continuación de la serie no hace otra cosa que alimentar esas sospechas.

José Preciado