Turbo-críticas de los Oscar 2026

Turbo-críticas de los Oscar 2026

Son en verdad justas y necesariamente demoledoras las turbo-críticas de los Oscar en uno de los peores años que recuerdo y que creo que recuerda la mayoría.

“Los pecadores” (Ryan Coogler) es un pastiche (AKA crossover) entre una película racial y una de vampiros, que se gusta mucho a sí misma, mola mucho menos de lo que parece y le debe buena parte de sus méritos a “Abierto hasta el amanecer” (Robert Rodríguez, 1996), o sea, a Tarantino, que escribió aquel argumento. Lo de las 16 nominaciones no hay quién lo entienda, pero, si lo dices dos veces, aparece una horda de trolls para llamarte racista y fascista.

“Una batalla tras otra” (Paul Thomas Anderson) es quizá el producto más solvente en esta decena de títulos a la hora de hacer frente a las nominaciones que le han caído (13), porque aspira a película importante (aunque no lo sea), tiene un buen guion, suficiente ironía para no creerse del todo lo que cuenta y varias interpretaciones memorables. A mí sí me gusta Sean Penn haciendo eso que hace.

“Valor sentimental” (Joachim Trier), a las malas, es una película de Bergman racauchutada para el siglo XXI, porque tienes que echarle ganas para penetrar en el drama familiar que te pone por delante. Juega en la liga cultureta y por eso está ahí (european quality) y porque además Hollywood no tenía este año (y ya casi nunca) un producto para confrontarla. El trío protagonista está soberbio.

“Marty Supreme” (Joshua Safdie) es un producto al servicio de Timothée Chalamet y, si Timoteo no te gusta, no te va a gustar la película (a pesar de sus fabulosos secundarios). Cuando Chalamet no está bien dirigido (esto es, domado) puede arruinar con sus mohínes y medias sonrisas cualquier función y aquí lo consigue con nota. Además, le sobran como tres cuartos de hora de metraje y en ningún momento lo que se cuenta llega a importarme.

A los quince minutos de “Frankenstein” (Guillermo del Toro) ya tenía ganas de ponerme “El jovencito Frankenstein” (Mel Brooks, 1974). No entiendo como después de la segunda se puede uno poner a rodar la primera con tanta seriedad, tanta intensidad y tanta sobreactuación. Primero, me da la risa y finalmente me aburro. Es uno de los truños más truños del año y le han dado 9 nominaciones. Que Dios nos perdone.

“Hamnet” (Chloé Zhao) es una película hermosa, orgánica y carnal sobre las manías que tienen los británicos de inventarle vidas y perdonar pecados a William Shakesperare. Si te olvidas de para qué te están contando la historia, esta puede conmoverte y, si te fijas en las interpretaciones, acabas descubriendo que hasta los árboles del bosque le comen la tostada a Paul Mescal. Le van a dar un Oscar a Jessie Buckley.

Con “F1: La película” (Joseph Kosinski) me ha pasado lo que me pasó con “Top Gun: Maverick”: que ni entiendo que hace entre las diez mejores películas del año y ni siquiera entiendo a quien dice que es buena. Es una peli de coches de carreras simplemente entretenida, correcta sin dejar de ser rutinaria y exactamente igual a una docena de productos similares. Si querían halagar a Brad Pitt porque todavía recauda mucho en taquilla, le podrían haber puesto una estatua.

“Bugonia” (Yorgos Lanthimos) es un chiste que dura dos horas, insoportable durante el larguísimo tramo central y con un par de malos-iluminados (Plemons/Delbis) haciendo lo imposible por resultar graciosos. Emma Stone está estupenda siempre, hasta cuando Lanthimos la maltrata hasta el ultraje. Y creo que ha llegado la hora de que director y actriz se digan adiós.

“El agente secreto” (Kleber Mendonça Filho) es el producto progre inflado en festivales progres que podría haber sido una grandísima película (porque lo tiene todo: historia, actores, ambiente) y que su director/montador decidió sabotear, no sabemos si por querer “hacer arte”, no querer hacer caja o por las dos cosas. Uno de los mayores chascos que me he llevado este año.

Y, finalmente, “Sueños de trenes” (Clint Bentley) es un western sin tiros, pero con toda la épica del dolor y la supervivencia. Si vivir es perder, como decía Ana María Matute, aquí el personaje de Joel Edgerton recibe una buena ración de vida. Es también la única película de las nominadas que parece no tener otra pretensión que existir y contar su historia, hermosamente fotografiada, por cierto.

José Preciado