“The Smashing Machine” (Ben Safdie, 2025)

“The Smashing Machine” (Ben Safdie, 2025)

Va a haber bronca en casa de los Safdie este fin de semana, porque no les ha ido igual de bien a los dos (autores ambos de, por ejemplo, “Good Time” o “Diamantes en bruto”) en el recentísimo reparto de las nominaciones a los Oscar. Ben se ha llevado dos menores -maquillaje y peluquería- por “The Smashing Machine”, y Joshua ni más ni menos que nueve por “Marty Supreme”, entre ellos película, dirección y actor principal.

Todavía no he visto “Marty Supreme”, protagonizada por mi adorado (¡ejem!) Timothée Chalamet, pero parece que, a mi pesar, promete y tiene toda la pinta de ser muy superior a esta que hoy nos ocupa, una biopic del luchador y pionero de la UFC Mark Kerr, que tampoco es que sea un subproducto, pero que a todas luces se queda corta en casi todas sus pretensiones.

Empecemos por lo bueno. “The Smashing Machine” es un producto muy correcto, bien rodado en un estilo casi de documental y magníficamente interpretado (aunque ya sin Oscars) por Dwayne Johnson (está soberbio) y por la siempre excelentísima -la pongas dónde y cómo la pongas- Emily Blunt.

Y sigamos por lo regular (que no malo). El primer film en solitario de Ben Safdie tiene la virtud de ofrecernos una historia de no superación basada en una figura pública del universo de los deportes de masas. De hecho, cuenta un triple fracaso, deportivo-profesional, sentimental y de salud, a través de la crónica del breve periodo de la vida de Kerr en que perdió los dos primeros combates de su vida y, entre ambas derrotas, cayó y se levantó de su adicción a los tranquilizantes y rompió y rehízo su matrimonio con la muy bella y muy tóxica (así la retratan, yo solo estaba mirando) Dawn Staples, quedando el pobre Kerr después de todo esto para poco más que algunos combates crepusculares y, más tarde, vender primero casas y después coches.

El asunto es que “The Smashing Machine”, digamos, no remata la faena en casi ninguno de los frentes que abre. Vale que los fracasos del luchador sean consecuencia de los problemas conyugales y de farmacia que arrastra, pero ni vemos antecedentes de esa situación ni recibimos explicaciones. Vemos a Dawn y los opioides como dos plagas egipcias que le caen encima al pobre Mark, de las que desconocemos sus causas y de las que ignoramos su alcance, sobre todo cuando acaba la película, con lo que nos quedamos, después de las dos horas de metraje, como un poco confundidos, puede que insatisfechos, quizá burlados, tal vez estafados.

 

José Preciado