«Superstar» (Nacho Vigalondo, 2025)
SUPERESTAR no es, gracias a los cielos, el biopic afilado y casi sanguinolento que algunos -todavía- deben de creer que merece aquel casi inconcebible trash-pack que, a través del programa Crónicas Marcianas (Tele5, 1997-2005), reclamó para sí su libra de carne de famoseo hace ya un cuarto de siglo.
(Para los datos y las personas reales se ha estrenado también en Netflix el documental “Sigo siendo la misma” y no está nada mal.)
“Superestar” no puede ser un biopic realista porque la realidad es probablemente lo menos interesante de un fenómeno surgido de meter en el mismo vaso de picar carne las buenas intenciones de unos, el interés crudo de otros, la adicción a la notoriedad de todos, la estupidez de unos cuantos y la manifiesta y repugnante falta de escrúpulos del programa, que, por cierto, se va de rositas de esta historia, como si no fueran Javier Sardá y su equipo los inductores conscientes -y más conscientes todavía- beneficiados del astracán.
“Superestar” no puede ser realista y, por eso, desde el primer capítulo ya empieza a invadir los espacios de la irrealidad, la metáfora, la alegoría y el surrealismo y lo hace de una forma competente y cabal, en una ordenada desmesura gobernada por un guion excelente, por pensado y trabajado, que no impide, no obstante, que a la serie -al menos un poquito- le cueste interesar al espectador (o a este espectador) en los capítulos centrales, dedicados a los personajes gregarios.
Aunque, por supuesto, de todo desinterés logran salvarnos las interpretaciones magníficas, espléndidas, sublimes, de un elenco completamente consciente de la oportunidad de oro puro que tiene en las manos y, además, pilotado hacia la excelencia por una dirección de actores que consigue lo más difícil, que nadie ponga ni una uña fuera del tiesto. Y, por señalar algo, de entre todos ellos, cabe destacar a Secun De La Rosa encarnando (casi nunca mejor dicho) a Leonardo Dantés -por cierto, el personaje mejor tratado por el guion- y a Ingrid García Jonsson interpretando a una Tamara/Yurena que no pocas veces parece una extraterrestre.
Y al respecto de Tamara/Yurena, “Superestar” se reserva lo más grande para los postres: el mejor capítulo es el sexto y probablemente lo sea porque en él el guion deja atrás la pugna entre realidad e irrealidad y plácidamente se sumerge en el terreno de la fantasía para otorgar a su protagonista la corona de la justicia poética.