«Muerte por un rayo» (Netflix)

«Muerte por un rayo» (Netflix)

Los biopics sobre presidentes norteamericanos son un género y la prueba de ello es que, por ejemplo en Filmaffinity, podéis encontrar un listado con 95 títulos. Y esto a los que no somos norteamericanos se nos puede poner cuesta arriba (sin ir más lejos, yo no pude con el «Lincoln» de Spielberg). Lo bueno de la magnífica miniserie «Muerte por un rayo» (Netflix) es que, aun importándote un carajo toda la historia de los Estados Unidos y todas la vidas de sus dirigentes, es muy probable que esta producción te guste. Y mucho.
¿Y por qué será esto? Pues por la poca anécdota histórica menuda que contiene, por su muy contenida duración y por el mucho significado de interés universal que regala. «Death by Lightning» -título original- cuenta, por un lado, la historia de un hombre presuntamente bueno que llegó a presidente de rebote y de cómo los que se dejaron marcar el gol trataron de reventarle el mandato; y, por el otro lado, muestra el final de la vida de un pobre hombre, también un desgraciado, un mediocre, un sociópata, un ladrón, un estafador, un enfermo de neurosífilis, quizá un esquizofrénico, un «narcisista grandioso» y, por supuesto, un magnicida que disparó dos veces contra James A. Garfield con un revólver «muy bonito» que había adquirido con la intención añadida de que luciera bien en un museo.
Charles Julius Guiteau, interpretado de forma fascinante por Matthew Macfadyen («Succession»), es la verdadera estrella de la función y quien le da buena parte de su valor añadido. Cada aparición del personaje, tan inquietante como memorable, es una fiesta para el espectador y un momento climático en el relato que crea adicción. Guiteau solo va armado al final, pero en todo momento actúa como si tuviera un dedo engarrotado en un gatillo o llevara en la mano una granada sin pasador. Todo caos es posible en su presencia y reírse insensatamente de él, como se ve que hicieron muchos, solo calienta la mezcla y acorta la mecha. Por eso, en este caso concreto, es un asesino fascinante y por eso también, a lo mejor, todavía seguimos leyendo la crónica de su ejecución que el cubano José Martí envió al diario «La Nación» en julio de 1882.
Estupenda dirección de Mike Makowsky («Bronca») y Matt Ross («Captain Fantastic») y magníficas interpretaciones de Michael Shannon («La forma del agua»), Betty Gilpin («Érase una vez en el Oeste») o el grandísimo Nick Offerman («El fundador») como el vicepresidente y presidente por accidente Chester Arthur.

José Preciado