“Marty Supreme” (Joshua Safdie, 2025)

“Marty Supreme” (Joshua Safdie, 2025)
No me gustaría haceros perder más tiempo del estrictamente necesario para explicaros por qué es una película que no me gusta, así que trataré de ir al grano.
EL ACTOR: Si me leéis, ya sabéis lo poquito bien que me cae Timothée Chalamet. De hecho solo me gustó en “Interstellar”, porque se lo veía poco, y puedo tolerarlo cuando lo pilla un buen director (Villeneuve en “Dune” o Mangold en “A Complete Unknown”), este director le pone las pilas y le explica que actuar es trabajar al servicio del personaje. Cuando eso no pasa, Timoteo usa el papel que le dan para hacer y meter sonrisitas, miraditas y mohínes tan intensitos como vacíos por falsos. Y reconozco que debe de ser un problema mío, porque cuando George Clooney o Brad Pitt hacen de sí mismos en una película, me encanta verlos; pero, cuando lo hace Chalamet, tiraría cualquier cosa contra la pantalla.
¿Y cuál es el resultado de “mi problema” con Timoteo en “Marty Supreme”? Pues que todo el rato lo estoy viendo a él y no al personaje, así que no me lo creo y, como está en pantalla y en primer plano el 90% del tiempo (y es mucho tiempo dos horas y media), pues se me echa a perder toda la función.
LA HISTORIA es -se supone- la del enfrentamiento entre Marty y el mundo, porque el primero quiere triunfar en el tenis de mesa y el segundo no lo deja, pero hay un problema en esto: en el extensísimo segundo acto (Marty intenta conseguir el dinero para ir a Tokio) hay tantos obstáculos que son tramas y subtramas en tantos escenarios y con tantos personajes (eso sí: ponedme a los pies de los secundarios) que, en primer lugar, se me olvida el objeto de tanto afán y, en segundo lugar y más importante, que, después de media hora de tribulaciones, estafas, traiciones, robos y asaltos, dejo de estar de parte del protagonista sin que la película me dé la oportunidad de ponerme de parte de ninguno de tantos antagonistas de lo deprisa que los va quemando.
EL PERSONAJE de Marty (obviando que está basado remotamente en un Marty real) es el centro de toda la película porque esta está continuamente enfocándolo, pero no porque Marty lo merezca. Sea o no sea por lo que Chalamet hace con el personaje, ese judío amoral y buscavidas no te seduce en ningún momento (ni entiendes, por supuesto, ni bolinga lo del personaje de Gwyneth Paltrow), pero tampoco consigue repugnarte completamente (que sería la otra opción), con lo que es fácil que, a mitad de la proyección, descubras que todo lo que se ve en la pantalla te da igual y empieces a mirar el reloj.
Y, por último, una breve alusión al ENVOLTORIO: qué daño han hecho los “Peaky Blinders” y su hermoso anacronismo musical. Lo que en la estupenda serie británica es elegante, épico, “cool” y subraya y refuerza las imágenes, en “Marty Supreme” es vulgar, anticlimático y un sabotaje ochentero desde la banda sonora.
De hecho, hay un momento en que arranca tan inopinadamente un tema (de New Order o de Tears for Fears) que pensé que estaba sonando en la sala el politono de un teléfono.

José Preciado