“Los colores del tiempo” (Cédric Klapisch, Francia, 2025)
“La venue de l’avenir”,en estos tie mpos duros en que le cae un morral de nominaciones a cualquier cosa, es un remanso para el aficionado al cine, una pradera verde salpicada de amapolas y un estanque apacible cuajado de nenúfares.
Y el remanso, la pradera, las amapolas, el estanque y los nenúfares se ven (y se pintan) en la película.
“La venue de l’avenir” cuenta una doble historia con unos 130 años de diferencia. En el presente, vemos cómo un grupo de familiares más o menos lejanos entre sí son llamados para liquidar una propiedad rural donde descubren el interesante rastro de una antepasada. Y, en el pasado, acompañamos a esa ascendiente en un viaje al París de finales del XIX donde espera conocer a su madre, que la encomendó a su abuela cuando era muy pequeña y de la que no sabe absolutamente nada.
La película va de lo que acaban descubriendo (simultáneamente para el espectador) la antepasada y los descendientes, de cómo en ese viaje mejoran como seres humanos estos de ahora y aquella de entonces; y de un premio, tangible sobre todo para los parientes investigadores, pero también para los espectadores, pues “Los colores del tiempo” es una comedia canónica en tanto que celebra la vida y nos reconcilia con ella.
Espléndida escritura de guion, excelente dirección de actores, perfecta alternancia de escenarios temporales y extraordinaria dirección artística, muy bien en ambientación, interiores y vestuario, pero magnificente en cuanto al uso del color, porque no en vano, esta es una película con mucha pintura.