Ambrose Bierce es un excepcional escritor norteamericano, digno de estar entre lo más selecto del panteón de autores de relatos fantásticos, junto a Poe, Maupassant o Lovecraft, que se empeña en estar de actualidad cien años después de su misteriosa desaparición en México, acompañando al ejército de Pancho Villa. Hace una generación, su ‘Diccionario del diablo’ se convirtió en un inesperado best-seller al tiempo que su figura era revivida en la gran pantalla por el mismísimo Gregory Peck en ‘Gringo Viejo’ (1988). Y no hace ni cinco años, la estupenda primera temporada de la serie ‘True Detective’ (2014) lo puso de nuevo en la palestra por la vinculación de su trama con ‘Un habitante de Carcosa’, un relato de Bierce. Pero Bierce fue además militar unionista durante la guerra civil norteamericana, en la cual participó como oficial en muchas batallas, cuyas imágenes implacables y cruentas se muestran con insolencia en el magnífico relato de hoy, donde a las catástrofes de la contienda hay que sumar el rencor entre dos hombres, y la fatalidad.
Para alguien que no recibió ninguna formación hasta los 9 años y que ya estaba empleado en una fábrica de betún con 12, convertirse en el escritor más leído, influyente y rico de la época victoriana es, desde luego, un logro digno de mención. Un logro de Charles Dickens que tiene mucho que ver con haberse formado a sí mismo leyendo ‘lo que a la gente le gusta leer’, poseyendo una mirada literaria casi científica y, quizá por ello, un notable desapego irónico de sus personajes.
La versión de Don Juan Manuel de este relato oriental tiene casi 700 años y el original (arábigo, persa, indio o chino) es prácticamente irrastreable entre océanos de tiempo. Sin embargo, hay elementos en este prodigioso cuento que son tan universales y tan atemporales como ineludiblemente humanos: la codicia y la traición de uno de los personajes y la habilísima dilación por el narrador de la sorpresa coronada de justicia poética.
El cuento de hoy es el decimotercer relato del volumen titulado ‘Dublineses’, donde el maestro irlandés reunió quince historias tejidas entre el realismo y el naturalismo y a la luz de una mirada burlona e inmisericorde para retratar a la pequeña burguesía de la capital irlandesa de principios del siglo XX. ‘Una madre’ presenta a un personaje ‘de una vez’, Mrs. Kearney, una madre coraje que defiende los intereses de su hija y, de paso, que las cosas se hagan simplemente bien en un ambiente muy poco acostumbrado a obrar con rigor y a no tener la mínima preocupación acerca de ello.
Este cuento del maestro ruso es una exhibición del arte de la narración. El planteamiento descriptivo, la cuidada aportación de los antecedentes y el encadenamiento causal hacen casi forzoso un final abominable que, curiosamente, el lector no ha previsto.
Era don Miguel de Unamuno un severo catedrático de griego de la Universidad de Salamanca que escondía con pudor un alma bondadosa, sensible y hasta sensiblera que solo a veces se dejaba traslucir en su literatura, como en la historia de hoy, donde dos caminantes huérfanos se remiendan mutuamente el dolor y acaban fundando una vida nueva.