Una obra maestra de la literatura que no necesita más que unos minutos de lectura
Un cuento, tomado de la tradición popular, sobre la «amistad» entre un pastor y una serpiente
Un cuento de evidente inspiración bíblica y que, además y sorprendentemente, anticipa dos asuntos que Tolkien trata en la magnífica ‘El señor de los anillos’
Una joya de la literatura oriental que tiene 700 años y sigue brillando con toda delicadeza y esplendor
No hallará el lector en este magnífico relato de Bloy rastro alguno de la ira panfletaria ultracatólica que lo hizo tan conocido en su época como una especie de furibundo profeta del Antiguo Testamento. Se trata de un cuento fantástico suave y amable que solo deja entrever un desenlace horrible, consecuencia de una serie de acontecimientos inexplicables, aunque ciertamente alegóricos.
El ‘padre de los cuentos’ modernos japoneses, autor de ‘Rashomon’, pasó un tercio de su corta vida en el infierno y a él volvió en sus últimos meses. Sufrió primero la psicosis de su madre, que murió cuando él tenía 10 años, y sucedió a esta la esposa de su tío, Fuki, a cuyo cargo quedó y que atormentaba continuamente al muchacho anunciándole que acabaría padeciendo la misma enfermedad de su madre. Estudió Literatura y fue profesor de inglés, pero acabó dedicándose a la escritura, como autor de cuentos (el mejor de su generación) y periodista. Se casó, tuvo tres hijos y una vida apacible solo alterada por su tía Fuki que, en su vejez, le exigía continuos cuidados. A los 34 años empezó a padecer lo que él llamaba un ‘sombrío desasosiego’, que se materializaba en alucinaciones y angustia, como describe en ‘Los engranajes’, donde daba una lista de suicidas ilustres en la que incluía a Jesucristo. Unos meses después tomó una dosis letal de barbitúricos y murió.