Thundercat: «Distracted» (2026)
Fomentando la costumbre autoimpuesta de haceros regularmente la reseña de algún disco de este año que me haya gustado, vamos hoy con el quinto álbum del músico californiano Thundecat, al que todos descubrimos y celebramos con el esplendoroso largo “Dunk” hace ya -¡ay!- nueve años.
“Distracted”, que así se titula la entrega, no puede optar al adjetivo “esplendoroso”, porque su autor ha decidido jugar sus cartas en los territorios de la calma y la contención, es decir, que, para expresarlo deprisa, podríamos decir que Thundercat ha optado por no demostrar continuamente su virtuosismo como músico u obligarse a no tocar más notas que nadie.
Ese bajo elástico y fluido parece domesticado y sometido a su tarea primaria de sostener el edificio de cada canción, el groove no se exhibe, se insinúa, y se suma a unos arreglos casi minimalistas, pero muy elegantes, con suaves sintetizadores y baterías jazzísticas que sostienen armonías vocales casi neblinosas.
Una vez que el disco arranca, todo es suave, atmosférico, muy del mejor Stevie Wonder (y D’Angelo, Prince, Erykah Badu o Stanley Clarke) trufado de funk y jazz, sin explosiones (tampoco hay bajonazos), sin alardes, como si el artista hubiera decidido disfrutarse de alguna manera, incluso por encima de las (notables) colaboraciones que, sí, están ahí, pero tampoco podemos decir que su aportación sea determinante (y alguna hasta prescindible). Y estamos hablando de Tame Impala, The Lemon Twigs o Lil Yachty.