Este relato, ‘probablemente el mejor cuento de literatura fantástica escrito en México en el siglo XX’, se puede interpretar de muchas maneras, pues está repleto de infinidad de símbolos de influjo kafkiano, pero quizá lo mejor de él es la forma en que autor y lector, completos cómplices por obra de un humor tan desbordante como afilado, superan la angustia que genera el absurdo, hijo del maestro checo, y, en una dulce derrota, como la del viajero protagonista, deciden aprovechar el más que aparente caos del sistema ferroviario como una oportunidad para esa aventura que debería ser toda vida.
Autor: José Preciado
Bien sea porque casi todos hemos leído al menos las primeras páginas de las ‘Historias’ de Heródoto, bien sea porque casi todos caímos rendidos ante Katharine Clifton/Kristin Scott Thomas en aquel fuego de campamento de ‘El paciente inglés’ (1996), puede darse por bien cierto que casi todos conocemos la historia de como una reina orgullosa cambió de marido y el reino de los lidios de rey por meter este idiota a un mirón en su alcoba conyugal para presumir de esposa.
Puede que Kipling escribiera ‘El cuento más hermoso del mundo’, pero este de Yourcenar contiene una de las historias más memorables, sobrecogedoras y magistralmente resueltas que uno se haya echado a los ojos, una historia que trata de como la búsqueda (y el hallazgo) de la belleza puede ser un don al mismo tiempo que una condena (literalmente).
Este relato tan extraordinario como incisivo revela a Vonnegut como un visionario un tanto desmadrado (aunque todo está por verse) y nos muestra un mundo futuro donde el igualitarismo se aplica legalmente y por la fuerza a toda la población, condenada por tanto a la mediocridad y el tedio y también a una indolencia absoluta que la priva hasta de sentir el horror de su existencia.
No tenemos dudas de la capacidad imaginativa de Arthur C. Clarke y tampoco de su talento para enfrentar al lector de ciencia-ficción con situaciones e interrogantes tan afiladas como abismales, pero embarcar en el año 3500 a un astrofísico jesuita en una nave espacial para enfrentarlo a una pavorosa pérdida de la fe (que no de la creencia) en Dios es una de las mayores osadías de una trayectoria creativa por otra parte descomunal.
Cuando terminamos de leer este admirable relato de Juan Rulfo sentimos que la inteligencia y el oficio de su autor han estado muy por encima de nuestras expectativas y que con ese final nos deja casi abandonados a nuestra suerte, sin acto a la vista donde ubicar la justicia y sin asidero moral. Y hasta ese punto, el genio literario mexicano nos ha llevado jugando con las voces que cuentan la historia, mezclando los registros idiomáticos y haciendo malabares con el tiempo de la narración. Por todo eso este cuento es una obra maestra.