La Teresa de este relato de Gorki es uno de esos personajes que se quedan dentro del lector por mucho tiempo: grande y tosca por fuera, frágil y tierna por dentro, y capaz de superar esos opuestos con una resolución tan necia y desesperada como eficaz, al menos para ella.
Autor: José Preciado
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Ahora que están (otra vez) tan de moda los bucles y las paradojas espacio-temporales conviene volver sobre un cuento clásico entre los clásicos de la ciencia-ficción, que, por si fuera poco, también aborda asuntos metaliterarios y hasta religiosos y tiene un planteamiento tan interesante y fecundo que no es de extrañar que al lector se le queden cortos los hilos que Hamilton saca de su propia ficción.
Todo el talento y la chispa de Fonseca condensados en un cuento realmente divertido donde nada es lo que parece y de ahí para arriba. El sentido del humor desapegado y a veces hiriente del autor se encarnan vivamente en la mirada del personaje principal, un escritor mercenario encargado del consultorio sentimental de una revista femenina.
Eso que se llama intertextualidad ya lo aprovechó con notable éxito un tal Miguel de Cervantes y, antes de él, algunos otros, pero hay que reconocer que el manejo de los recortes que exhibe Jack London en este relato lo coloca entre los primeros de la clase del ‘patchwork’ literario; y todo ese esfuerzo para sumergirnos en una trama desesperada y diabólica en la que un esforzado millonario trata de atajar el acoso, las amenazas, las extorsión y los asesinatos de un (llamémoslo) peculiar grupo terrorista formado por ‘proletarios intelectuales’ y distribuidor a las bravas de la riqueza ajena.
Este relato breve de ‘Clarín’ condensa algunos de los elementos fundamentales de su prosa y su talento: pocos personajes, perfectamente diseñados y enseguida diseccionados ante nuestros ojos: jerarquía, relaciones, ambiciones y carencias aparecen como en un muestrario o como el resultado de una exploración científica. Y todo ello a través de una prosa tan perfecta, rítmica y hasta melódica que asombra.