Nadie sabe de dónde sacó Hector Hugh Munro el psedónimo de ‘Saki’, aunque habiendo vivido su infancia en Birmania (era hijo del jefe de la policía británica en ese territorio y él también fue policía durante una época), lo más probable es que fuera una clave íntima con que evocar los probablemente mejores años de su vida. Su madre murió muy joven y su padre encomendó su cuidado a unos estrictos parientes en Inglaterra, quienes lo internaron en colegios aun más estrictos que ellos, lo cual, en plena época victoriana, no debió de ser el mejor ambiente donde un joven pudiera manifestar su homosexualidad, cosa que evidentemente nunca ocurrió en público y que puede explicar el humor amargo y la mirada tan penetrante como inteligente con que casi disecciona los personajes y las situaciones de sus cuentos. De ‘Saki’ y de esos relatos, entre los que se encuentra en de hoy, dijo Borges: «Con una suerte de pudor, Saki da un tono de trivialidad a relatos cuya íntima trama es amarga y cruel. Esa delicadeza, esa levedad, esa ausencia de énfasis puede recordar las deliciosas comedias de Wilde».