Francis Scott Key Fitzgerald no fue feliz, probablemente, ni un minuto de su vida y la insatisfacción, las malas elecciones (su esposa Zelda parece una especie de maldición autoinfligida) y la decepción de sí mismo lo fueron conduciendo desde bien joven al alcoholismo y la autodestrucción.
En el camino, escribió un par de excelentes novelas y multitud de historias cortas (que era lo que le daba de comer, de beber y hasta en ocasiones para vivir como un príncipe) las cuales -contaba Hemingway- el mismo Scott empobrecía para adaptarlas al gusto del público de las revistas literarias.
‘La tarde de un escritor’ es una de esas historias y es, como mucho de lo que escribió, casi demasiado autobiográfica. Hay en este relato un rumor cercano a una cuenta atrás que acompaña la jornada de un autor vencido por el tedio, harto de sí mismo y que parece blandamente abandonado a una rutina vacía solo en apariencia y ocultamente sembrada de espinas.