No deja de ser este cuento un apunte, un entretenimiento del maestro ruso, pero es una pequeña gema y cuando al final nos muestra el momento más feliz de un noviazgo bastante angustioso no podemos sino sentir lástima por la desdichada pareja.
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Este cuento del maestro ruso es una exhibición del arte de la narración. El planteamiento descriptivo, la cuidada aportación de los antecedentes y el encadenamiento causal hacen casi forzoso un final abominable que, curiosamente, el lector no ha previsto.